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Digámoslo
Por Walter Hernández Valle
guelo58@hotmail.com
Causa desazón, tristeza e indignación comprobar la indiferencia, el desprecio, la falta de respeto y el mal trato que en la sociedad actual se da a las personas de edad avanzada. Y no tan avanzada, pues ahora una persona a partir de los 50 años es marginada. Si no, echemos una mirada a los avisos periodísticos de ofrecimiento de empleos: la mayoría exige como requisito ser joven, ojalá menor de 40 años.
Otrora, en nuestro país, las personas de edad avanzada eran muy respetadas y admiradas por su sabiduría y experiencia. Tanto era así que la mayoría de los presidentes y miembros de los tres poderes del Estado eran personas de más de 60 años.
Fue cuando surgió aquello de “los padres de la Patria”, refiriéndose a la figura paternal que caracterizaba, entonces, a los diputados. Por suerte hay excepciones: países muy civilizados donde las personas mayores siguen siendo muy apreciadas y aprovechada su valiosa experiencia.
Muchos de los grandes hombres y mujeres, a lo largo de la historia, llevaron a cabo sus mejores obras ya en su ancianidad. Winston Churchill guió a sus compatriotas, sabia y heroicamente, durante los cruciales años de la Segunda Guerra Mundial, a muy avanzada edad.
En Costa Rica, don Ricardo Jiménez Oreamuno dominó el escenario político nacional, como nadie, siendo un venerable anciano. E igualmente don Cleto González Víquez.
También en Costa Rica hay excepciones: personas de más de 60 años que ocupaban altos cargos en el Gobierno. Pero son los menos. Mientras tanto, la mayoría de sus compatriotas contemporáneos son marginados.
En la calle, en los buses, en los establecimientos comerciales, en las oficinas públicas y privadas, se observan constantemente actos de irrespeto a las personas mayores. Muchos jerarcas, de quienes cabría esperar mejor educación y sentimientos humanitarios, se complacen en amenazar, insultar y humillar a subalternos que podrían ser sus padres por su edad.
Se burlan de la carga de años que aquellos llevan sobre sus espaldas, de sus padecimientos físicos y anímicos. Como seres humanos, debemos avergonzarnos de ese mal trato a personas que han aportado su trabajo, su inteligencia y su empeño en crear la patria que hoy disfrutan quienes los agreden.
Debería legislarse para crear más protección a los ancianos y ancianas. Las leyes actuales son muy leves, pues ni siquiera contemplan castigos ejemplarizantes contra aquellos que agreden física o moralmente a las personas de edad avanzada, aunque aún no sean consideradas ancianas.
Digámoslo: Nada justifica un trato irrespetuoso y ofensivo a personas de edad avanzada.




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